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Recetarse sin control: la nueva cara del negocio farmacéutico


En Argentina, ocho de cada diez personas consumen medicamentos sin indicación médica. Antigripales, antibióticos, analgésicos y psicofármacos se compran como si fuesen artículos cotidianos, disponibles y aparentemente inofensivos. Lo que antes era un recurso esporádico, hoy se transformó en un hábito consolidado que atraviesa todas las edades y niveles socioeconómicos.

El país ocupa el segundo puesto en América Latina en automedicación, según la SAFYB y la Superintendencia de Servicios de Salud (2024), solo detrás de México. La tendencia ya no puede leerse únicamente como un problema cultural, expresa fallas estructurales del sistema sanitario, un mercado farmacéutico con márgenes crecientes y un Estado que no logra regular ni educar al consumidor.

Los hospitales empiezan a evidenciarlo. El Fernández registró un aumento del 11,5 % en internaciones por intoxicaciones farmacológicas en el último año, especialmente por analgésicos y antiinflamatorios de uso frecuente. A nivel nacional, 100.000 personas son hospitalizadas anualmente por reacciones adversas, y alrededor de 700 mueren por mal uso de medicamentos.

Frente a este escenario, surge una pregunta central: ¿cómo se consolidó este comportamiento y qué intereses lo sostienen?


EJE 1 — La pastilla como promesa: publicidad que instala conductas

Desde hace más de dos décadas, la publicidad asociada a medicamentos de venta libre construyó una narrativa aspiracional basada en la rapidez y la autosuficiencia. Mensajes como "seguí con tu día" o "no permitas que el dolor te frene" transformaron la toma de medicamentos en un acto de empoderamiento individual, despojándolo de su riesgo.

Según el Observatorio de Comunicación y Salud (2024), el 70 % de los argentinos reconoce haber comprado un medicamento por influencia publicitaria.

Los testimonios recogidos en esta investigación confirman cómo la publicidad incide en la percepción de seguridad. Una consumidora entrevistada relató:

"Si aparece mucho en la tele, debe ser seguro. Yo compro lo que veo en YouTube o Instagram."

La farmacéutica Daiana Michel agrega una advertencia clave:

"La publicidad promete que te cura todo. El problema aparece cuando la gente cree que por ser OTC, puede tomarlos sin límites. Ahí empiezan los efectos adversos."

A esto se suma un dato aportado por Gustavo Marín, de RedARETS:

"Cuando un medicamento pasa a venta libre, habilita la publicidad. Es la industria llegando directo al consumidor sin intermediación profesional."

La publicidad no solo informa sino que moldea conductas, legitima hábitos riesgosos y desplaza la consulta médica hacia un consumo guiado por eslóganes.


EJE 2 — Precios en alza: medicarse o esperar el turno

El aumento del 268 % en el precio de los medicamentos entre enero y septiembre de 2025 convirtió a la automedicación en una estrategia económica de supervivencia para miles de familias. Las largas esperas en el sistema público y la dificultad para acceder a especialistas fortalecen la idea de que "tomar algo" es más accesible que pedir un turno.

El testimonio de María Torres, madre de siete hijos, lo sintetiza:

"Prefiero medicarme para no ir al médico. Las guardias son eternas y no tengo tiempo de esperar un turno."

Desde el plano jurídico, la organización Abogadas de la Salud aporta otra mirada:

"El consumidor cree que el medicamento de venta libre es inocuo. Si no hay consejería ni advertencias claras, queda desprotegido frente a los riesgos y sin herramientas legales efectivas."

La combinación entre precios altos, saturación del sistema y facilidad de compra convierte a la automedicación en un mecanismo de resolución inmediata. El problema es que esa inmediatez se paga con riesgos concretos.


EJE 3 — El poder de las farmacéuticas: mercado, lobby y consumo

La industria farmacéutica argentina factura más de 7.000 millones de dólares por año. El negocio crece incluso en crisis porque está sostenido por tres pilares: concentración, publicidad y ampliación de la venta libre.

El especialista Gustavo Marín explica el impacto del lobby para ampliar categorías de venta libre:

"Cuando un medicamento pasa a venta libre, deja de estar cubierto por obras sociales. El gasto se transfiere a la población y la industria puede publicitarlo. Es un golazo para ellos."

También destaca un dato alarmante:

"El 47 % de los argentinos se automedica. Si ampliamos la venta libre, ese porcentaje va a crecer junto con las internaciones."

La visitadora médica Silvana Delarosa introduce una mirada intermedia:

"Algunos productos pueden ser venta libre, pero solo si hay educación. Hoy no la hay, ni para el paciente ni para muchos profesionales."

Michel coincide, pero agrega otro ángulo sobre la industria:

"Muchos laboratorios presionan para pasar productos a venta libre. Otros no, porque perderían el empuje de la obra social. Es una estrategia que cambia según el producto."

En todos los casos, el resultado es el mismo, la lógica del consumo se impone sobre la lógica sanitaria.


EJE 4 — Regulaciones debilitadas: normas firmes, controles flojos

A nivel normativo, Argentina tiene un marco claro: Ley 16.463, disposiciones de ANMAT y normativas provinciales como la Ley 10.606, que prohíbe vender medicamentos fuera de farmacias. Sin embargo, el problema no está en la letra, sino en la práctica.

La organización Abogadas de la Salud lo sintetiza así:

"La regulación es sólida en papel. El desafío es la fiscalización. Sin controles, la norma se vuelve letra muerta."

Marín aporta un ejemplo concreto del impacto de flexibilizar sin control:

"Cuando se quiso ampliar la lista de medicamentos de venta libre, tuvimos que intervenir porque la lista era muy amplia y peligrosa."

Michel, desde su experiencia en farmacia, observa otro fenómeno reciente:

"El DNU que habilitó exhibir OTC en góndola en CABA aumentó alrededor de un 20 % la venta. Eso tiene dos caras: más acceso y más riesgo."

La falta de campañas estatales de educación sanitaria habilita que la publicidad privada ocupe ese espacio. El resultado es un consumidor que compra más, se informa menos y asume riesgos que no reconoce.


EJE 5 — Consecuencias invisibles: daños físicos, dependencia y desigualdad

El impacto de la automedicación va más allá de las cifras de internación. Se expresa en el cuerpo, en los vínculos y en la economía diaria.

La farmacéutica Michael describe ejemplos concretos de riesgos habituales:

"El paracetamol en exceso es hepatotóxico. El ibuprofeno sube la presión. El omeprazol tomado todos los días es un error muy común."

Silvana Delarosa añade otro punto:

"La población no distingue entre un uso seguro y un abuso. Muchos toman vitaminas, analgésicos o antiácidos pensando que 'no hacen nada'."

Martín aporta cifras que ayudan a dimensionar el problema:

"El 7 % de las internaciones en Argentina están vinculadas al mal uso de medicamentos. Es decir, una de cada diez personas hospitalizadas está ahí por un fármaco."

Y desde el plano jurídico, Abogadas de la Salud recuerda que la responsabilidad no es individual:

"Si una farmacia no informa correctamente, puede ser responsable civilmente. Pero el consumidor no siempre sabe que tiene ese derecho."

El resultado es un círculo que se retroalimenta: publicidad intensa, precios altos, controles insuficientes, sistemas saturados y una industria que crece. El cuerpo termina siendo el terreno donde se absorben todas esas tensiones.


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